Por Francisco Javier Morere, Editor de Covernews, Profesor de golf PGAA (681) , Instructor Nacional de Golf PGA (877)
El Abierto de la República Argentina, actualmente denominado VISA Open, organizado por la Asociación Argentina de Golf (AAG), registró en su edición 2026 una participación de 126 jugadores estadounidenses frente a apenas 11 argentinos, según el listado de los profesionales y amateurs clasificados para el torneo.
La competencia se llevó a cabo en el Jockey Club de San Isidro. El torneo forma parte del calendario del Korn Ferry Tour, la gira de desarrollo del PGA Tour desde la temporada 2024. Este cambio elevó la bolsa de premios a un millón de dólares y extendió el acuerdo hasta 2029, pero también transformó la naturaleza de un torneo argentino con más de un siglo de historia.
En el sitio web del PGA Tour nombra al abierto argentino como «119 Visa Argentina Open presented by Macro«, incluyendo el nombre del país destacado en el comienzo, sin embargo, la AAG coloca al final y en letras pequeñas al país anfitrión, denominándose como VISA Open de Argentina, desde el año 2007 cuando le vendió el nombre a la empresa VISA y el torneo al PGA Tour en 2012.
El dominio extranjero fue decretado a partir de la integración al Korn Ferry Tour; los ganadores de ediciones anteriores han sido los estadounidenses Mason Andersen (2024), Justin Suh (2025) y Alistair Docherty (2026). Este último, tras consagrarse, declaró: «Es increíble que un torneo del Korn Ferry Tour tenga un campeonato que dé una exención para The Open. No se ve algo así en los tours que son el paso previo; normalmente esas oportunidades quedan para los circuitos más grandes. Estoy muy agradecido a The R&A por poder jugar mi primer Open Championship«.
Jorge Fernández Valdés señaló: «Es un paso muy importante. Hay que agradecer la confianza de The R&A, porque consolida y le da mucho más valor al torneo, y es un impulso para el golf en la región. Jugar The Open en St Andrews en 2022 fue una de las experiencias más lindas de mi carrera, y tener esta oportunidad es algo increíble». El jugador, que ganó como amateur la Copa Pereyra Iraola en 2008 y 2011, parece olvidarse de los colegas que no pueden participar en el abierto de su propio país, y que el impulso es para jugadores de la región, omitiendo aclarar que es de la región del norte de las Américas.
Aún hoy son los argentinos, principalmente de origen caddie, los que dominan el historial del Abierto de la República gracias a leyendas como Roberto De Vicenzo (9), Vicente Fernández (8), José Jurado (7), Florentino Molina (5), Fidel de Luca (4), Andrés A. Pérez (4), Ángel Cabrera (3), Martín Pose (3), Marcos Churio (3), Raúl Castillo (3), Lágrima González (3). Los caddies del Club San Andrés: González (1915, 1916, 1917) y Castillo (1909, 1914, 1919) fueron incluso pioneros en demostrar que los profesionales de origen caddie podían ganarle a todos, e incluso a profesionales británicos que trajeron el deporte al país. También ganaron el Abierto Eduardo Romero (1989), José Cóceres (2004), Rodolfo González (2003), Jorge Soto (1982), Juan Carlos Castillo (1966). Emiliano Grillo (2014), Jorge Fernández-Valdés (2021), Maximiliano Godoy (2011), César Costilla (2009), y Rafael Echenique (2006), entre otros.
Pero la participación local en esta edición del abierto argentino se limitó a solamente 11 representantes argentinos: Jorge Fernández Valdés, Fabián Gómez, Nelson Ledesma, Augusto Núñez, Vicente Marzilio, Martín Contini (entró por la clasificación del lunes con -9), Maximiliano Godoy (clasificó en Estancias GC – de nada le sirvió ser un ganador del Abierto de la República en 2011-), Marcos Montenegro, Franco Romero (clasificó como el N°1 del Tour Profesional Argentino), Tomás «Tommy» Cocha y el aficionado Segundo Oliva Pinto (ganador de la clasificación con una vuelta histórica de 62 golpes, -10). Entre los mencionados profesionales participantes encontramos que 5 son de origen caddie, 3 de aficionados, y 2 del sistema universitario de los Estados Unidos.
El field completo incluyó además a jugadores de Estados Unidos (126), Canadá (4), Corea del Sur (3), Sudáfrica (2), Chile (2), Australia (2), Escocia (1), Islas Caimán (1), México (1), Colombia (1), Inglaterra (1) y Noruega (1). El contraste entre el histórico torneo argentino y la realidad actual deja en evidencia la transformación de un torneo que, pese a llevar el nombre del país, ofrece cada vez menos espacio para el talento y las tradiciones locales.
Más allá de la competencia, la edición 2026 estuvo marcada por situaciones que generaron controversia. De los más de 150 caddies que trabajaron en el campo «La Colorada» del Jockey Club durante el torneo, solo ocho fueron argentinos, predominando los caddies estadounidenses, muchos de ellos visitando Buenos Aires y pisando la cancha por primera vez. Los caddies argentinos, que no tenían a quien «llevarle los palos», se ofrecían como Uber o Didi a los participantes. Esto contrasta con ediciones históricas donde el conocimiento local del campo era un valor diferencial.
Los más de 200 juicios que recibió el Jockey Club por parte de sus caddies basados en «relación de dependencia encubierta» fueron, junto a la popularización de los carros eléctricos, las causas para que en el año 2023 modifican el reglamento para no permitir el uso de caddies contratados; sólo pueden actuar como tales los socios o familiares con carnet vigente. Pero al tratarse de un torneo internacional los caddies argentinos podían trabajar para los jugadores participantes sin problema alguno, ya que operan como contratistas independientes y no como empleados directos de los clubes o del tour.
Además, lamentablemente, se observaron episodios de niños que abordaban intensamente a los jugadores para pedirles pelotas y guantes, que luego eran comercializados por adultos, incluso en las tiendas de los clubes de la zona, una práctica que desvirtúa el espíritu deportivo y ha sido criticada por sus implicancias éticas. No les pedían un autógrafo como se solía hacer, una de las razones es que a la mayoría -diría que a la totalidad de los jugadores extranjeros- no los conoce nadie en Argentina.
Una ausencia que llamó la atención fue la del argentino Ángel Cabrera, invitado de manera directa por la AAG -que festejaba sus 100 años- para participar del VISA Open, quien optó jugar junto a Ricardo González un torneo de golf familiar padre e hijo en Potrerillo de Larreta, en la provincia Argentina de Córdoba, ubicándose a horas de distancia del Jockey Club, demostrando que no tenía ninguna intención de aceptar la invitación para participar del Abierto de la Argentina. Cabrera, ganador de tres ediciones del Abierto (2001, 2002 y 2012), mantiene distancia de las instituciones oficiales del golf argentino tras sus problemas legales y su condena en 2021, lo que debió motivar su ausencia en un torneo que supo dominar.
Como mencionaba en una columna del año 2011 titulada «La defunción de los caddies argentinos«, muchos de los profesionales argentinos fueron caddies en sus comienzos, en la niñez o adolescencia, y lo mencionan con orgullo. Estudios señalan que más del 90% de los profesionales actuales de Argentina comenzaron de muy pequeños como caddies en sus clubes. Muchos de ellos de renombre internacional, ya sea por ganar torneos del PGA Tour, European Tour, Asian Tour, PGA Tour Champions, European Senior Tour, y torneos locales, tales como José Jurado (1899–1971), el “Maestro” Roberto De Vicenzo (1923-2017), Vicente “Chino” Fernández, Florentino Molina, César Monasterio, José Cóceres (que fue el primero en ganar un torneo PGA en los Estados Unidos), Eduardo “Gato” Romero (1954-2022), Ángel “Pato” Cabrera (único ganador del Master en 2009), Andrés «Pigu» Romero, Fabián Gómez, Ricardo González, Jorge Berendt, y Augusto Núñez, entre otros.
Eduardo «Gato» Romero señalaba: «El semillero de caddies es la gran cuna de promesas del golf profesional argentino», definía a esta instancia social como «un potrero donde el talento nace en las calles de tierra». «Este estilo caddie tuneado y natural se opone al swing de laboratorio, priorizando la herencia cultural orgánica sobre la repetición mecánica», como señalaba en un dossier de la Revista del Museo de Antropología. El fenómeno de Villa Allende en Córdoba demuestra que el golf, a menudo percibido como un deporte de élite, posee en Argentina su propio «potrero». Este concepto se refiere a los espacios informales —baldíos, orillas de arroyos y calles de barrios populares— donde los niños que trabajan como caddies desarrollan una habilidad instintiva y una relación con el juego antes de acceder a la instrucción formal.
El PGA Tour Latinoamérica prometió ser la opción para reemplazar a ese semillero cuando se lanzó en el año 2012 en Buenos Aires, incorporando para sí torneos ya instalados y con tradición en el país, como el Abierto de la República, y el Torneo de Maestros, entreo otros, hasta que desapareció en 2024 y pasó a fusionarse con el Tour de Canadá. Esa promesa de semillero para los profesionales argentinos se transformó en torneos inalcanzables económicamente y clasificaciones a miles de kilómetros en Estados Unidos o México. Allí empezó esta historia que nos lleva a la columna de hoy sobre el torneo más importante de la República Argentina, como es su Abierto, con escasa presencia de jugadores y de caddies argentinos.









