Rockwell Automation, multinacional estadounidense especializada en automatización industrial, conmemoró tres décadas de presencia ininterrumpida en Argentina, donde instaló en enero de 1995 su primera oficina en el Cono Sur. Desde entonces, la operación local evolucionó hasta convertirse en una plataforma estratégica que hoy presta servicios a países como Chile, Perú, Bolivia, Uruguay y Paraguay. «A nivel regional la automatización exige cercanía. No se trata solo de vender tecnología, sino de acompañar procesos productivos complejos», señala Luciano Marrazzo, director regional Cono Sur de Rockwell Automation. La compañía, que comenzó atendiendo el mercado a distancia, consolidó equipos técnicos propios y una estructura de soporte que permitió el crecimiento industrial en sectores como energía, minería y bienes de consumo.
La base argentina se transformó con el tiempo en un punto de apoyo para la expansión hacia otros mercados latinoamericanos, y parte del personal formado en el país se integró a equipos globales. «Argentina aportó experiencia técnica y talento para toda la región», agrega Marrazzo, explicando que ello permitió acompañar el crecimiento de otros mercados sin replicar estructuras completas en cada país. Este fortalecimiento regional coincidió con una transformación tecnológica profunda, donde la automatización pasó de sistemas aislados a entornos integrados basados en datos, mejorando la eficiencia, trazabilidad y seguridad operativa.
De cara a los próximos años, la compañía observa que las inversiones asociadas a minerales críticos y gas proyectan un crecimiento superior al de otros sectores en América Latina, impulsadas por su rol en la transición energética y la seguridad de abastecimiento. Rockwell Automation ha organizado equipos de trabajo especializados para acompañar estos desarrollos, manteniendo el soporte a industrias como automotriz, alimentos, bebidas y otros sectores clave de la matriz productiva regional. «Son industrias que requieren niveles muy altos de automatización y resiliencia operativa, muchas veces en entornos geográficamente complejos», precisa Marrazzo.
La combinación de control autónomo, análisis avanzado de datos e inteligencia artificial será clave para mejorar la eficiencia y reducir riesgos, desafíos que se extienden de manera transversal a distintos sectores. En la firma señalan que el desafío no será solo incorporar nuevas tecnologías, sino asegurar que las inversiones actuales permitan escalar hacia modelos más autónomos en el futuro. La experiencia acumulada en mercados industriales como Argentina y el Cono Sur aparece como un activo relevante para acompañar el desarrollo de proyectos en toda la región, en un contexto de transformación productiva cada vez más diversa y exigente.









